ANA CISCAR
MEDITACIONES SOBRE LAS DISTANCIAS INFINITAS
Hay algo de telúrico en esta exposición. Esa conjunción
extienden una aureola imaginaria en la que el mundo que proyecta
parece interpelarnos no ya como respuesta sino como pregunta:
¿qué son los eclipses y por qué nos fascinan tanto? ¿qué miran los
espectadores y por qué? ¿qué relación guardan los eclipses, las
que no alcanzamos a ver? La borrosidad a la que apuntan las
piezas sugiere que ya no basta con leer el mundo, que el simple
disolvernos en él. Es necesario que fundemos otra relación con
lo que nos rodea, parecen querer decirnos las piezas, otra manera
de aprehender el mundo que no sea reduciéndolo a mero objeto
parece señalar el conjunto (y detrás de él, agazapada, Ana).
“la misma visión, el mismo deseo” -de nuevo Bachelard-; hay que
mirar por tanto en comunidad aquello que nos reclama con fuerza
y que no debemos evitar por terrible que parezca. Segundo: lo
cíclico de los movimientos astrales y lo cíclico de la naturaleza
nos recuerdan su vínculo íntimo con lo terrenal y lo femenino,
desollamiento y exposición pública de animales disecados-.
Antes bien, se trata de una actitud sin distancias en la que prima
el sentimiento compartido y conciencia conjunta de mundo.
Javier Moral Martín